Por primera vez en la historia, convivimos hasta cuatro generaciones a la vez. Abuelos, hijos, nietos e incluso bisnietos comparten más que la mesa de un domingo: comparten tiempo, tecnología, aficiones y proyectos. España se ha convertido en uno de los países más longevos del mundo, y eso, aunque plantea retos, también es una gran oportunidad.
Hoy, uno de cada cinco españoles tiene más de 64 años. En 2066, será uno de cada tres. No hablamos de “mayores”, sino de una generación que ha roto todos los moldes: activa, conectada y con ganas de seguir aportando. La longevidad es, sin duda, una conquista de nuestro tiempo: mejor sanidad, avances médicos, más conciencia sobre la salud y un estilo de vida que apuesta por el bienestar.
Pero vivir más también significa planificar mejor. En la vejez, las desigualdades no siempre son cuestión de dinero, sino de salud, de compañía o de la red de cuidados que tenemos cerca. Solo cuatro de cada diez hogares podrían costear un cuidador a tiempo completo con sus propios ingresos. Por eso, la planificación y la previsión son tan importantes como la esperanza.
El aumento de la esperanza de vida plantea nuevos desafíos: cómo cuidar la salud en el tiempo, cómo mantener la independencia económica y personal o cómo adaptar los seguros y servicios a cada etapa vital.
El envejecimiento ya no es sinónimo de fragilidad, sino de experiencia. No hay que temer al paso del tiempo: hay que prepararse para vivirlo bien.
Los seguros de salud, vida o dependencia no son un lujo, sino herramientas que ayudan a mantener la autonomía, proteger el patrimonio familiar y garantizar tranquilidad.
Porque en esta revolución de la longevidad, lo importante no es solo vivir más años, sino vivirlos bien. Y eso, también, se puede asegurar.