España en llamas: cuando el fuego pone a prueba de qué está hecho un seguro
Este verano, España vuelve a arder. Las imágenes de bosques en llamas, pueblos evacuados y cielos teñidos de naranja se han repetido durante semanas en una ola de incendios que ya ha calcinado unas 180.000 hectáreas, seis veces más que el año pasado por estas fechas. Los expertos hablan del peor arranque desde aquel fatídico 1994, cuando el término superincendio entró en nuestro vocabulario para no salir jamás.
Sequía prolongada, olas de calor cada vez más tempranas y una masa forestal que ha crecido un 33% desde 1990 y actúa como combustible perfecto: la península es, hoy más que nunca, un polvorín. Y detrás de cada hectárea quemada no solo hay paisaje perdido, sino vidas trastocadas, hogares destruidos y veranos rotos.
En estos momentos es cuando el seguro deja de ser un papel en un cajón y se convierte en un salvavidas. Conviene saberlo: los incendios forestales no están cubiertos por el Consorcio de Compensación de Seguros. Es decir, la protección depende directamente de la póliza que cada uno tenga contratada.
El seguro de hogar cubre los daños del continente y el contenido, la retirada de escombros e incluso el alojamiento temporal si la vivienda queda inhabitable. El seguro de comercio o industria puede cubrir la paralización de la actividad. El agrario protege cosechas y ganado. Y en el caso del coche, las pólizas a todo riesgo o a terceros ampliados con cobertura de incendio responden ante el fuego fortuito.
Pero más allá de las coberturas, estos días se ha demostrado algo aún más importante: el factor humano. Compañías, peritos, equipos de asistencia y corredores hemos activado protocolos extraordinarios, canales directos y recursos especializados para acompañar a los afectados cuando más lo necesitaban. El seguro ha evolucionado desde un papel meramente indemnizatorio hacia un modelo de acompañamiento integral.
Y ahí, en primera línea, está la figura del corredor: quien conoce tu póliza, quien te avisa antes de que el problema llegue, quien agiliza tu siniestro y quien te acompaña en el peor momento.
Porque el verdadero valor del seguro se entiende justo cuando ocurre lo que nadie quería que sucediera. Y tener a un buen corredor a tu lado marca la diferencia entre estar solo frente al fuego… o no estarlo.